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miércoles, enero 18, 2006

 

Antenas de la muerte

Provocan tumores, cáncer y leucemia
Antenas de la muerte

Arnaldo Pérez Guerra
Punto Final
De la mano del desarrollo tecnológico aumenta la exposición a la “contaminación electromagnética”, acentuada por la creciente expansión de la telefonía móvil. Preocupan cada vez más los peligros asociados a la exposición a radiaciones provenientes de redes eléctricas -alta tensión y domiciliarias- y antenas de telefonía móvil, entre otras. Pueden provocar efectos en la salud -como alteraciones en el sistema nervioso central y ciertos tipos de cáncer-. En Chile existen normas técnicas y de seguridad para la instalación de antenas, pero no se asegura, como señala la Constitución, “un medioambiente libre de contaminación” ni hay regulación jurídica.

El fracaso de las políticas y normas ambientales que previenen la degradación de los ecosistemas y dan solución a problemas de salud pública, ha forzado a la comunidad a adoptar nuevos enfoques. Así ocurrió con el deterioro de la capa de ozono. Se comenzó a hablar del asunto mucho antes que se comprobara que el problema se debía a la liberación de ciertas sustancias químicas. “La amenaza era tan grave, que la comunidad internacional no podía quedarse quieta esperando el consenso de los científicos”, dice Valentina Durán, investigadora del Centro de Derecho Ambiental de la Universidad de Chile.

El caso de las antenas de telefonía y de celulares es similar. Su tecnología ha llegado a millones de personas y es una de las empresas con mayor ritmo de expansión. Los usuarios aumentaron en 137 por ciento en los últimos cinco años: hay 1.747 millones de celulares en el mundo, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Las estadísticas se dieron a conocer en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI), realizada en Túnez. Pero los efectos podrían incluir tumores, cáncer y leucemia, entre otras enfermedades.

Muchos movimientos ciudadanos se han opuesto a la instalación de antenas y torres de alta tensión y presentan recursos judiciales que la mayoría de las veces no son acogidos. Cualquier norma a implementar debiera ser transparente, permitir la participación ciudadana como una herramienta jurídica, asegurar el acceso a la información y proteger la salud de la población y el medioambiente. Los vecinos exigen una mayor fiscalización, la prohibición de nuevas instalaciones y el respeto a la propiedad y a los planos reguladores. En el mundo hay una creciente tendencia a legislar sobre el tema: “Las normativas se centran en otorgar protección sanitaria a los ciudadanos frente a los efectos adversos conocidos para la salud. Los efectos menos probados han sido tomados en cuenta sólo por algunas normativas, expresamente sobre la base del principio de precaución. Es el caso de Suiza, Italia, Australia y Nueva Zelandia”, agrega Valentina Durán.

Andrei Tchernitchin, académico del Laboratorio de Endocrinología Experimental y Patología Ambiental del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, describe los efectos de la contaminación electromagnética. Explica que podría provocar esclerosis lateral amiotrófica, Alzheimer, dermatitis, enfermedades alérgicas, asma bronquial, aumento de riesgo de aborto, alteraciones neuroconductuales, cardíacas y endocrinas, entre otras. Al investigar las muertes causadas por arritmia e infarto agudo del miocardio se ha establecido que hay relación con la exposición acumulativa a este tipo de contaminación. Pero aún los científicos no se ponen de acuerdo. “Existe evidencia experimental de efectos biológicos asociados a la exposición a radiaciones electromagnéticas. Algunos de estos efectos, descritos en trabajos experimentales y en estudios epidemiológicos, han sido interpretados como evidencia de que exposiciones prolongadas a campos electromagnéticos de baja intensidad son potencialmente nocivas”, dice Tchernitchin. No obstante, numerosos científicos no admiten esta posibilidad. La controversia se explica, agrega, por la alta variabilidad en la población bajo estudio: “El desarrollo del cáncer por exposición a radiaciones electromagnéticas es un efecto diferido, es decir, se desarrolla después de un período de latencia que puede durar muchos años. En el caso de los teléfonos celulares y de las centrales de retransmisión, la información es insuficiente por su limitado tiempo de uso. Aún así, debiera aplicarse el principio precautorio. Se trata de un caso paradigmático, por cuanto existe desacuerdo en la comunidad científica acerca de los efectos en la salud de los distintos grados de exposición a la radiación. Además, hay temor y desconocimiento en la ciudadanía, que se manifiesta en el rechazo que provoca la instalación de antenas y torres”.

El principio de precaución fue reconocido en el protocolo sobre seguridad de la biotecnología, del Convenio sobre la Diversidad. Ha sido incorporado en las legislaciones de Suiza, Australia, Alemania, Canadá, Francia, Holanda, Nueva Zelandia, Suecia, Brasil, Colombia y Ecuador, entre otros.

Graves efectos para la salud

La contaminación electromagnética debiera regularse dada la instalación indiscriminada de antenas de celulares. Según expertos, la emisión de un celular supera tres millones de veces la radiación natural. El español Carlos Requejo, geobiólogo, dice que la radiación electromagnética acelera las ondas cerebrales al límite del estrés y puede tener otros efectos biológicos: “En ausencia de normativas, las compañías aprovechan el vacío legal. Las antenas repetidoras de la red móvil proliferan. Muchos informes científicos alertan sobre los riesgos de la radiación electromagnética, especialmente de microondas, emisiones de televisión, radares y telefonía móvil, pero también de la informática -chips- y de múltiples dispositivos electrónicos”. Según Requejo, la exposición continua a celulares o antenas repetidoras provocaría daños en la membrana celular, efectos sobre el sistema inmunitario con pérdida de defensas, y alteración del ADN.
Se ha relacionado el uso de celulares con el incremento de tumores, cáncer de piel y tumores cerebrales. También se lo vincula al Parkinson y al riesgo de acelerar la aparición de Alzheimer. Un estudio del doctor Hyland, de la universidad británica de Warwick, afirma que (…)

(Artículo completo en en "Punto Final" Nº 606, 9 de diciembre, 2005)

http://www.puntofinal.cl/605/606b2.htm

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