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viernes, agosto 11, 2006

 

Reporte de viaje. Por Martín Amaral

Reporte de viaje

Estimados y estimadas.

Les informo que hace casi dos semanas que fui intervenido por el Dr. Roberto De Bellis y su equipo en el Hospital Británico de Montevideo, Uruguay. Se trata, saben, de un implante de células madre. Un experimento que apenas tiene menos del par de años que se realiza.

Fue un viaje largo desde mi provincia mexicana a Buenos Aires y luego a Montevideo. Los costos altos, ciertamente, que pude sufragar gracias a mis amigos.

Les comento que, aún y con todas las dudas y reticencias, decidí la intervención porque me parece que debemos buscar sin reticencias todas las posibilidades, todas las expectativas…

La impresión que me dejo De Bellis fue la de un médico serio, junto con su equipo. El servicio del hospital fue de primera.

Llegue un sábado y ese mismo día me entreviste con De Bellis y el neurocirujano de apellido Córdova. Ese mismo día me iniciaron las inyecciones de un fármaco para estimular los glóbulos rojos. Este medicamento causa un leve malestar parecido a una gripe con dolor de cuerpo que se trata con un analgésico básico… así durante cinco días. Luego ingresé al hospital donde me conectaron vía catéter a un aparato para separar el plasma, los glóbulos blancos y rojos y las células madre.

Eso duró más de tres horas. Por la mañana ingresé al quirófano, en donde pase cerca de dos horas para implantarme por laparoscopia las células madre en la médula espinal. Me quedo apenas una muy breve incisión en la espalda. Nada, nada de dolor ni de molestias postoperatorias, al menos en mi caso.

Resulta que a la fecha son 23 las personas con ELA que nos hemos hecho la cirugía. El primer mexicano he sido yo, el resto han sido españoles, uruguayos, argentinos e Italianos.

Su servidor ha sido el caso menos evolucionado (sic) y el que mayor número de células madre ha producido, ha decir de los médicos. Ello, supongo, gracias a los cuidados de mi mujer, a la alimentación hiper-cuidada, a la ozonoterapia y la cámara hiperbárica. Supongo.

Al par de días de la intervención, De Bellis ofreció una conferencia a la comunidad médica de Montevideo acerca de las células madre; fui a escuchar y creo que esta avenida medica es harto interesante. Habló de lo más reciente, de cómo es usada con éxito en casos de males cardiacos, hepáticos y para lesiones medulares…

Pero reconoció que todo está en pañales, que no hay nada concluyente más allá de lo que ahora parece anecdótico. Ello porque no ha pasado la prueba más dura: la del tiempo.

De los 22 tratados por De Bellis, dice que todos se han estabilizado (lo cual para mí sería una ganancia: en estas condiciones de mosca y cachora para arriba ya todo es cacería). Dos han fallecido, uno por broncoaspiración y otro por neumonía.

En Uruguay es conocido el caso de una comentarista de noticias, Laura no sé qué. Ella tuvo ELA después de un parto, fue de las primeras que se hizo la intervención y amigos míos de Montevideo la conocen y dicen que está muy bien, que anda en chinga detrás de su hija. Acepto que todo sigue en la anécdota.

Después de dejar Montevideo fui a visitar al Dr. Dubrosky, en Buenos Aires, sólo para conocer su opinión y despejar dudas. Él mantiene una postura muy crítica sobre lo que hace De Bellis, sobre todo en lo referente a los costos (25 mil dólares); argumenta que lucra con nosotros y que debía buscar patrocinios oficiales si de veras hace investigación.

Yo respeto y comprendo sus opiniones: son razonables, salvo que él habla desde el otro lado del escritorio. Sólo quien mira con desespero el abandono de sus habilidades, el avance fiero de la enfermedad, podrá comprender la necesidad de asideros, de explorar todas las rutas, de buscar, de explorar, de mantener la esperanza, la verosímil esperanza.

Dubrosky me pareció un tipazo. Comprende lo nuestro y enfatiza la importancia de que nos organicemos, que intercambiemos ideas, posturas, acciones, como esta página que Carlos Fernández ideó y anima junto con Pilar y Luisa Amelia.

La cantidad de pacientes de Dubrosky con ELA es impresionante: más de 100.

En fin, amigas y amigos, a lo hecho pecho. Ahora resta proseguir, seguir luchando y ver qué pasa. Según De Bellis supone que a partir de los dos meses deberán empezar a notarse cambios o mejorías.

Veremos, esperemos. Ya les iré contando qué pasa.

Cuando partí a Sudamérica pensé en escribir una suerte de bitácora para ustedes, pero no pude. El ánimo, las condiciones no me dejaron; ni siquiera pude leer en esos días.

Les pido perdón por ello. Espero que esta carta sirva para remediar e informar así sea sucintamente de cómo fue la cosa.

El viaje sirvió para conocer ciudades llenas de referencias literarias, como Buenos Aires, que amaba ya por Jorge Luis Borges, por Julio Cortázar, por Bioy Casares, por tantos escritores. Pero como camino con dificultades, decidí, por primera vez en mi vida, subirme a una silla de ruedas, de lo contrario nunca hubiera conocido la ciudad.

Renté una y mi hermano Vicente, que me acompañó, me empujaba.

Y ahora entiendo en carne propia la situación ominosa del que la usa: la ciudad entera conjura contra ti. No hay rampas, y cuando las hay son un remedo que no sirve; las banquetas están desparejas, hoyudas. La gente te mira de reojo o de plano con lástima o espanto reflejada en la mirada. Cus, cus, cus, dicen sus ojos, sintiendo que si te miran de frente les va a caer la sal, la mala suerte. Algunas tratan de ayudar, pero son, siempre, lo sabemos, las menos.

Otra cosa es la silla, con ruedas duras que hacen que el cuerpo retumbe con los hoyancos, que las piernas se muevan involuntarias. Una lata. Lo peor de lo mío es que a diferencia de parapléjico, mis manos y brazos no sirven para empujar y mover la silla.

Ahora estoy, por fin, en casa después de 17 días de viaje. Mi esposa arregló la recamara para mayor comodidad, mi hija está enorme y feliz. Yo feliz de estar acá.

Les prometo que les iré contando cómo va la cosa.

Por lo pronto, les mando un abrazo cargado de esperanza, de coraje, de amor, de confianza en Dios.


Culiacán, México
Martín Amaral

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