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viernes, octubre 27, 2006

 

El lado bueno de los males. Gentileza de Martín Amaral

El lado bueno de los males
LILIANA CADAVID

Por primera vez en su vida Israel Cuéllar tiene tiempo para hacer las cosas que más le gustan. Su situación actual y su gran optimismo se lo han permitido.

Hace dos años y medio a Cuéllar, doctor en Psicología Comunitaria y profesor jubilado de la Universidad Estatal de Michigan, le fue diagnosticada esclerosis lateral amiotrófica (ALS) o enfermedad de Lou Gehrig. Según el Instituto Nacional de Desórdenes Neurológicos y Derrame (NINDS) es una enfermedad neurológica progresiva y mortal, que ataca las neuronas encargadas de controlar los músculos voluntarios.

ALS forma parte del grupo de enfermedades de las neuronas motoras, que se caracterizan por la degeneración gradual y muerte de las neuronas encargadas del movimiento. En el 90% o 95% de los casos la enfermedad se presenta, al parecer, de manera aleatoria sin que haya ningún factor de riesgo claramente asociado. Sólo el 5% o 10% de los casos son heredados.

Los síntomas suelen ser leves al principio de la enfermedad, según el NINDS. Pueden producirse contracciones, calambres o rigidez de los músculos, debilidad muscular que afecta a un brazo o una pierna, deterioro del habla y dificultad para masticar o tragar.

En el caso de Cuéllar, no podía correr, se tropezaba mucho y tenía un fuerte dolor en la parte baja de la columna, que asoció con ciática.

Después de casi un año de tratamiento quiropráctico, sin resultados favorables, se hizo una radiografía que reveló que varios discos de su columna estaban fracturados y que tenía un nervio pellizcado. "Me dijeron que tenía que operarme para corregir el problema".

El cirujano que lo examinó le dijo que la operación no solucionaría el problema y le aconsejó consultar a un neurólogo sobre los síntomas que presentaba.

Fue así cómo Cuéllar supo que padecía ALS , una enfermedad poco común que, sin embargo, él conocía muy bien. "Para mí fue un choque emocional y psicológico. No lo podía creer; me asusté mucho y me puse a llorar".

Tras haber prestado servicios de salud mental a cientos de pacientes del sur de Texas con trastornos neurológicos del desarrollo que les impedía caminar, vestirse, comer e ir al baño, él mismo estaba siendo atacado por un mal similar.

"Me deprimí mucho al principio; después me puse a pensar sobre mi vida y me di cuenta de que he vivido plenamente y no tengo remordimientos".


Cómo se afronta un mal incurable

Nunca fue una persona muy espiritual ni religiosa, pero ahora que cree en una vida después de la muerte eso le ayuda a sobrellevar su realidad.

"Yo me creía científico, una persona muy objetiva, no era nada espiritual. Poco a poco me fui dando cuenta de que el espíritu, la mente y el cuerpo son tres diferentes elementos".

El ALS aún no le impide teclear en la computadora y ha descubierto un gusto especial por la escritura. "Es una bendición poder escribir. Mi cuerpo se está deteriorando pero mi mente está intacta".

Cuéllar está escribiendo ahora un libro que espera tener listo antes de su 'partida'.

"Aprendí que de un mal sale un bien y el sufrir ALS me ha dado tiempo para dedicarme a mí mismo y a las cosas que me gusta hacer", dijo.

Fuente:
http://www.diariosrumbo.com/

Gentileza de Martín Amaral

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