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jueves, julio 26, 2007

 

Tras una huelga de hambre, murió un italiano que pedía la eutanasia

GIOVANNI NUVOLI TENIA 60 AÑOS Y NO PODIA MOVERSE NI HABLAR

Tras una huelga de hambre, murió un italiano que pedía la eutanasia

No logró ayuda para una "muerte digna". Por eso, decidió dejar de alimentarse.

LA REPUBBLICA. ESPECIAL
Foto: LUCHA. NUVOLI Y SU MUJER. SE COMUNICABA CON UN SINTETIZADOR DE VOZ.


Giovanni Nuvoli murió de hambre. Maddalena Soro, su mujer, utiliza el término "inanición", pero el sentido es el mismo. Nuvoli, un ex árbitro de fútbol de 53 años, sufría desde hacía tiempo de esclerosis lateral amiotrófica, y falleció este lunes en su casa de Alghero (Cerdegna) "en paz" y con la ayuda de nada más que algunos sedantes. Su mujer, sin embargo, da cuenta de su sufrimiento. "Giovanni ya no sufre más. No comía desde el 16 de julio. Se dejó morir".

En los últimos meses, Nuvoli había recibido el "testimonio civil" de Piergiorgio Welby. Ambos sufrían de la gravísima patología degenerativa que ataca a un grupo específico de células de la médula espinal causando una atrofia muscular que lleva a una parálisis progresiva de las cuatro extremidades y de los músculos comprometidos con la masticación y la palabra.

Al igual que Welby, Giovanni Nuvoli luchaba por que respetaran su expresa voluntad. "Quiero morir sin sufrir, mientras duermo". Estas son las palabras que hizo escuchar el 24 de abril pasado a través de un sintetizador vocal, con el que contaba desde hacía meses y que fue el único medio de comunicación con su mujer. Pero al contrario de lo que ocurrió con Welby (ver Antecedentes), el deseo de Nuvoli no encontró a nadie que lo escuchara, ya que la atención que despertaba este caso hizo que las autoridades ejercieran una "discreta" aunque constante vigilancia para evitar un "bis".

Una repetición con el consecuente riesgo de suscitar una polémica, como la que vivió el anestesista Mario Riccio, que fue el que desconectó el respirador que mantenía con vida a Piergiorgio Welby y a quien este lunes la justicia romana absolvió del cargo de homicidio.

Como había revelado días pasados Marco Pannella -del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa-, hubo un intento por satisfacer el pedido de Giovanni Nuvoli el 11 de julio pasado, cuando un anestesista estaba listo para retirar el respirador, pero no pudo hacerlo por la intervención de los carabineros.

La mujer de Nuvoli precisó que en el momento del deceso el respirador estaba funcionando y la muerte fue una consecuencia del empeoramiento de su estado. Nuvoli rechazaba alimentos y agua desde hacía una semana.

Según declaró Marco Cappato, parlamentario europeo y secretario de la asociación Luca Coscioni, "Nuvoli murió de una forma indigna -como un animal- por elección deliberada del estado italiano. Cuando el médico anestesista de la asociación Luca Coscioni, Tommaso Ciacca -por pedidos reiterados de Nuvoli y luego de diversas visitas de los especialistas- visitó su casa para desconectar el respirador las fuerzas del orden se lo impidieron. Es la Italia de los defensores de la "buena tortura", en oposición a una "buena muerte".

Antecedentes

También en Italia, Piergiorgio Welby murió el 21 de diciembre de 2006, a los 60 años, después de que le aplicaran sedantes y le retiraran el respirador artificial. El caso conmovió a los italianos al hacerse pública, en setiembre, una carta de Welby al presidente de la República pidiéndole que lo dejara morir para "liberarse de la prisión que es mi cuerpo". El hombre sufría distrofia muscular progresiva desde los 16 años.

La española Inmaculada Echevarría padecía la misma enfermedad que Welby y sólo podía mover la punta de sus dedos. Durante años pidió que se la desconectara del respirador. Finalmente, las autoridades sanitarias de Andalucía cumplieron su deseo en marzo último.

Este año se conoció también el pedido de ayuda para morir de la sueca Ellen Bergman, ex esposa del cineasta Ingmar Bergman, y de la inglesa Kelly Tailor, una enferma terminal de 30 años.

Qué pasa en la Argentina

En la Argentina, ni la eutanasia voluntaria (una persona produce la muerte del paciente que la consintió) ni el suicidio asistido (el paciente quien produce su fallecimiento con la asistencia de otra persona) están autorizados. Y ninguno es aceptado por la Iglesia Católica.

En el Congreso se presentaron proyectos de ley relacionados con "el derecho de muerte digna", pero ninguno prosperó. Sí avanzó en la Legislatura de Río Negro una iniciativa por la cual los pacientes terminales podrán rechazar intervenciones médicas.

Fuente:
http://www.clarin.com/

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