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viernes, junio 08, 2007

 

El derecho de morir

OPINIÓN / ESO NO SE DICE
El derecho de morir
Omar Baños
cartas@elfaro.net
Publicada el 04 de junio de 2007 - El Faro

Después de cumplir ochos años de prisión por haber ayudado a morir a uno de sus pacientes, el patólogo Jack Kevorkian salió en libertad el 1 de junio en los Estados Unidos. Kevorkian, conocido como el “Dr. Muerte”, es un creyente de la eutanasia, en el derecho que tienen los pacientes con enfermedades incurables, dolorosas, a morir cuando ellos lo deseen. Kevorkian asegura haber asistido en la muerte de más de 100 personas que decidieron terminar su vida de dolor. Cumplió una sentencia de ocho años solamente por un caso de asesinato en segundo grado.
La libertad del Dr. Kevorkian, sin duda alguna, pondrá en el tapete la discusión sobre la eutanasia. Sí, otra vez. ¿Una persona que sufre una enfermedad incurable, dolorosa, como la enfermedad de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), tiene el derecho a una muerte sin dolor, sin prolongación? ¿Quién y por qué, moral y legalmente, tiene el derecho a someter a una persona con ELA a una vida de sufrimiento constante? ¿Por qué los otros pueden y tienen más poder de decisión en la vida privada e intima de una persona? (ELA es un trastorno progresivo del sistema nervioso. Gradualmente destruye los nervios responsables del movimiento muscular. Con el tiempo la ELA provoca una parálisis total de los músculos del movimiento, incluyendo los de la respiración: Swedish Medical Center; www.swedish.org/14145.cfm)
Si ustedes vieron la película Mar Adentro, sabrán que el tema de la eutanasia es siempre actual. No hablamos de ello, pero está allí, merodeando nuestras vidas. Cuando menos lo esperamos, nos encontramos en medio de una decisión de seguir viviendo y de morir en paz. La película de Mar Adentro fue basada en la historia real de Ramón Samper, que quedó parapléjico después de un accidente. En Cartas desde el infierno, del mismo Samper, uno puede adentrarse en esa vida, los sentimientos y la racionalización para desear la muerte. Al final él triunfa. Murió cuándo, cómo y dónde él quiso. Quizá fue un suicidio, en los ojos de todos, pero fue una decisión de un hombre muy cuerdo que sabía lo que quería.
La eutanasia es un concepto que nos incomoda. El suicidio nos aterra. Siempre que alguien se quiere o se quita la vida, tratamos de explicarlo desde la psicología, la depresión, la falta de auto estima, enfermedades mentales, etc. Pero de nuevo, ¿Por qué una persona, saludable o no, no tiene el derecho a terminar su vida o a morir como mejor le parezca? El poder de “Dios” se superpone a cualquier respuesta (independientemente cuál sea el “Dios”). “’Dios’ te dio la vida, El te la quitará”. Lo curioso es que en nuestra cultura, siempre luchamos contra “Dios” cuando nos quiere quitar la vida. Vamos al médico, buscamos alivio, no queremos morir; nos aferramos a la vida aunque parezca que “Dios” ya ha decidido que hacer con nosotros.
Si queremos morir, estamos contra la voluntad de Dios; si no queremos morir, estamos contra la voluntad de Dios. ¡Qué alguien me explique!
Recuerdo que cuando tenía unos once años, una vecina del mesón se suicidó. Después de cuatro o cinco intentos logró quitarse la vida. En los intentos previos, recuerdo que los vecinos, al darse cuenta que se tomaba un mata ratas, luchaban con ella para quitarle esas pastillas, físicamente la arrinconaban en la esquina para quitarle las pastillas. Lo lograron un par de veces. Ellos, los vecinos, habían tomado el derecho moral sobre la vida de su vecina. Allí, me parece, hay algo inherentemente problemático sobre lo que entendemos como autonomía personal y el derecho que podemos sentir que tenemos sobre la vida de otra persona. ¿Quiénes eran ellos para decirle a la vecina dónde, cómo y cuándo podía morir? ¿Se sentían moralmente superiores al prevenir un suicidio?
Aunque la eutanasia y el suicidio se pueden entender como dos cosas completamente diferentes, aún queda la pregunta: ¿A cuántos de nosotros nos gustaría tener ese poder de decisión y autonomía sobre nuestra propia vida y sobre nuestra propia muerte?

Fuente:
http://www.elfaro.net/

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