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jueves, febrero 08, 2007

 

Lamento por el Dr. Roberto de Bellis. Por Martín Amaral



Lamento por el Dr. Roberto de Bellis. Por Martín Amaral

Ayer me dormí con la infausta noticia de la muerte del Dr. Roberto de Bellis, después de atreverme a leer los correos de nuestro elático grupo, después de semanas de solamente chapotear de soslayo en el blog, hastiado de nuestra compartida situación, medio neurótico porque cada vez hablo menos, porque he dejado el bastón y tomado una cromada andadera.

Y la muerte del Dr. De Bellis me pone melancólico, me encabrona y entristece por igual.

Melancólico por la fragilidad de la vida, por su precaria condición. Hace seis meses Roberto de Bellis me operó y entonces conocí a un hombre maduro pero no viejo, vital, con una mirada entre inquisidora y socarrona, pero más que nada inteligente. De baja estatura, vestía un poco dandy para el ambiente clorado de un hospital; calvo, se relamía sus escasas mechas hacia atrás, en una especie de colita algo irreverente.

Ya en las corrientes subterráneas de su cuerpo, el cáncer, el puto cáncer, le socavaba, pero nada lo delataba.

Hoy respiramos, mañana dejamos de respirar, canta Serrat. Para un elático (al menos para mí) la vida se empaña con la presencia ominosa, permanente y turbadora de la muerte. Para los “normales” (yo hace dos años lo era) es una presencia aplazada a un futuro lejano, probable pero íntimamente imposible, ficción pura. Pues bien, le dije a mi esposa Luz María: mira que me ganó la carrera Roberto de Bellis, atónito de comprobar que alguien a quien viste saludable se adelantó.

El hombre, dice el filosofo Martin Heidegger, es un ser para la muerte. Saberlo es inevitable a un elático, que mira cómo se vuelve un mineral pensante cada día. Enterarse que alguien que acaso estaba cerca de la pista para resolver nuestra enfermedad se ha muerto me llena de enojo y melancolía.

Jorge Luis Borges dice que cuando alguien muere se pierde no únicamente una presencia física, sino ante todo una memoria. El universo se queda un poco más pobre. Lamento la partida de de Bellis porque se va también una experiencia acumulada, una inteligencia que, más allá y más acá de los resquemores de otros médicos, se atrevió a experimentar, a buscar alternativas para este pequeño grupo de personas con ela a quienes se nos niegan alternativas y a quienes la mayoría de los médicos nos manda a la tumba de la manera más fría y cruel.

Lástima que Roberto de Bellis se haya ido; le recuerdo en esta hora, pido por su alma y porque su trabajo (experimental, dudoso acaso, pero imprescindible como una lucecita de esperanza en este hoyo negro), no se pierda, porque el relevo llegue pronto.

Lo veo en las mañanas frías de invierno pasado en Montevideo; paseando por el hospital, charlando con las enfermeras, dando instrucciones, sentado tomando café en el restaurante del hospital, rodeado de médicos, medio decano. Le escucho hablar de la frontera que son las células madre, de cómo estaba estudiando como cuando tenía 20 años, de la rapidez de los cambios y de cómo lo aprendido sobre el tema era rebasado en semanas. De cómo se burlarían en el futuro de los torpes procedimiento que usaba. Lo veo como a un gambusino, buscando el filón de oro en una montaña a la que apenas le abrían el primer hueco.

Les mando una foto al día siguiente del trasplante de células madre en el hospital Británico, donde Roberto de Bellis me hacia la visita diaria: es el de la izquierda, de saco cerrado y poco pelo. La pareja es Elida, una pianista uruguaya y su esposo, Walter, amigos fraternos que me atendieron en su tierra.

Un abrazo grande desde el norte de México.

Martín Amaral

Ver nota relacionada:
06/02/2007: Falleció Roberto De Bellis, el médico responsable del primer transplante de médula en Uruguay
11/10/2006: Reporte a dos meses del transplante de células madre. Por Martín Amaral
04/09/2006: Reporte a un mes del transplante de células madre. Por Martín Amaral
11/08/2006: Reporte de viaje. Por Martín Amaral
07/06/2006: Transplante de células madre en Uruguay

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